Luz zodiacal.

La luz zodiacal pudiera parecernos una inquietante luz que aparece sobre el horizonte. Desde cualquier lugar del planeta, los mejores momentos para apreciarla son las estaciones de primavera y otoño.

La luz zodiacal es esa especie de cono difuso de luz que se extiende sobre el horizonte a la derecha de la imagen de arriba. (Foto de Richard Hasbrouck en Truchas, Nuevo Mexico).

Si el observador está en el hemisferio norte, la luz zodiacal se puede comenzar a distinguir antes del amanecer y hacia el horizonte este, más apreciable en los cielos más oscuros y en los meses en torno al equinoccio de otoño. Desde el hemisferio sur, en los meses de septiembre u octubre, puedes probar observando el horizonte oeste tras el anochecer para  tratar de localizar este fenómeno, conocido como el falso crepúsculo. La luz que lo delimita tiene el aspecto de una pirámide difuminada. La intensidad de su brillo es comparable a la de la Vía Láctea, pero con un aspecto aún más lechoso.

En la imagen se aprecia a Venus antes del amanecer, en medio de una destacada luz zodiacal.

Foto: 28 de agosto de 2017, en Adrasan Antalya, Turquía. Por Talay Daniel Erol.

Es muy probable que todos, alguna vez, hayamos visto la luz zodiacal sin habernos percatado de ello. Esta rara luz es un fenómeno estacional y corresponde a las proximidades de los equinoccios.

Supongamos que estamos conduciendo en dirección al horizonte Este en las horas previas al amanecer en otoño. Llega un momento en que nos parece que nos acercamos a una ciudad, por la luminosidad del ambiente, pero nunca acabamos de alcanzar dicha ciudad. No se trata de ningún núcleo urbano sino de la luz zodiacal. Una luz difusa, extendiéndose hacia arriba desde el horizonte, justo antes de que despunten las primeras luces del alba. Dicha luz zodiacal puede ser bastante brillante y fácil de identificar desde latitudes bajas (como al sur de Europa o  el sur de EEUU).

En todo caso, necesitaremos un cielo bastante oscuro y libre de contaminación lumínica para poder ver la luz zodiacal, algo que las ciudades modernas no nos permite tener.

La luz zodiacal es más fácilmente visible antes del amanecer en otoño en el hemisferio norte y primavera en el sur ya que en dicha época es cuando la eclíptica (el camino aparente del sol y la luna en el cielo) aparece más vertical  con respecto al horizonte este en los momentos previos al amanecer. Asimismo, esta luz zodiacal es más fácil de localizar justo después del verdadero anochecer en los meses primaverales en el norte, ya que en esa época, también la eclíptica está más perpendicular al horizonte oeste al anochecer.

Así pues, para el hemisferio norte, en otoño, la luz zodiacal se comienza a ver justo antes del amanecer. Y en primavera, justo después del anochecer. Contrariamente al verdadero amanecer o anochecer, la luz zodiacal no presenta esos tonos rosáceos. Esta pigmentación típica de esos momentos es debida a la atmósfera terrestre, mientras que la luz zodiacal tiene su origen mucho más allá de la atmósfera de nuestro planeta, como veremos a continuación.

Cuanto más oscuro sea el cielo en el que podamos intentar observarla, más probabilidades habrá de conseguirlo. La mejor ocasión se presenta en la luna nueva, aunque también es posible y muy satisfactorio, por cierto, si se consigue  con una delgada luna menguante (o creciente) en medio de esta extraña luz lechosa con forma de pirámide.

Luz Zodiacal en Paranal. (European Southern Observatory)

Para ver la luz zodiacal, la mejor hora, para ambos hemisferios, sería el anochecer en primavera y el amanecer en otoño.

En el hemisferio norte, desde fines de agosto a inicios de noviembre, son más visibles antes del amanecer y por el horizonte este. En esos mismos meses, desde el hemisferio sur, tras el anochecer por el horizonte oeste.

Por el contrario, desde el hemisferio norte, desde fines de febrero hasta principios de mayo, en el horizonte oeste tras anochecer y en esos mismos meses, desde el hemisferio sur, antes del amanecer por el horizonte este.

Luz zodiacal sobre el telescopio Faulkes, Haleakala, Maui.

La mayoría tiene idea de que la luz zodiacal tiene su origen como un fenómeno más de todos aquellos con los que nos podemos deleitar procedentes de las capas altas de la atmósfera terrestre. Pero a fecha de hoy estamos seguros de que es el reflejo de la luz solar en los granos de polvo que rodean el sistema solar interior, presentes en el entorno  más próximo a nuestra estrella más cercana. La presencia de dichos granos de polvo, se postula que son los restos del proceso de creación de la Tierra y el resto de planetas del sistema solar, hace 4.500 millones de años.

Dichos granos de polvo presentes en el espacio, se dispersaron desde el sol en el mismo disco plano en el que coexistían Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y el resto de planetas de la familia solar. Dicho disco –el plano de nuestro sistema solar- conformó lo que hoy conocemos como el estrecho sendero que hoy llamamos “la eclíptica”. Este es el mismo camino que aparentemente  transitan nuestro Sol y nuestra Luna cada día en el cielo.

Dicho camino también fue llamado “el zodiaco” por nuestros antepasados, en honor a las constelaciones que lo transitan. De este vocablo toma la raíz la luz “zodiacal”.

Dicho de otro modo, la luz zodiacal es un fenómeno producto del sol y de su entorno en el sistema solar. Los granos de polvo suspendidos en todo el sistema solar interior, son los restos de la creación del mismo (en el rango de metros a micras) y de mayor densidad en las inmediaciones de la vecindad más cercana al astro central y esparcidos hasta más allá de la órbita de Marte. La luz solar hace brillar estos granos de polvo y su reflejo conjunto conforma la luz que vemos y conocemos como luz zodiacal. Ya que todos ellos yacen en la “delgada lámina” (en términos astronómicos) del espacio en torno al sol, podríamos, en teoría, verlos como una franja de polvo en la totalidad del espacio visual celeste y que marca el mismo camino que, aparentemente, transita el Sol durante el día. Además, también existe otro fenómeno celeste asociado a dicha franja de polvo: el conocido como “gegenschein”, un débil brillo en el cielo nocturno en la región opuesta a la posición del sol (y se distingue de la luz zodiacal por su mayor ángulo de reflexión de la luz sobre los granos de polvo, lo que la hace levemente más intensa que la luz zodiacal –cada grano refleja la totalidad de la luz que la llega desde nuestro punto de vista, al estar en oposición al sol- y situada dentro de la luz zodiacal). Pero este último efecto es algo más complicado de observar. La mayoría solo somos capaces de apreciar la parte más obvia de esta franja de polvo interplanetario mediante la luz zodiacal, cada primavera y/u otoño.

En la imagen vemos la Vía Láctea a la izquierda y la luz zodiacal a la derecha. Desde Kitt Peak National Observatory (California), por Sean Parker.

La luz zodiacal se hace más fácil de observar conforme nos acercamos al ecuador terrestre. Pero también se puede vislumbrar desde latitudes más altas. En la imagen se aprecia la luz zodiacal el 5 de febrero de 2013 sobre el Lago Superior al norte de Wisconsin. Imagen de Jim Peacock.

Aquí vemos la luz zodiacal desde Invermere, Columbia Británica, en Canadá. La imagen es de Robert Ede.

 

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