Nuevo sistema de radar para estudiar el impacto de las erupciones solares y la meteorología espacial sobre la Tierra.

El Reino Unido contribuirá a la construcción de un sofisticado sistema de radar en el Ártico para estudiar la meteorología espacial.

Los fenómenos que componen la meteorología espacial describen los efectos en el más amplio entorno ambiental terrestre conforme es alcanzado por partículas eléctricamente cargadas y líneas de campo magnético procedentes de la atmósfera solar.

Los impactos de dichos agentes, pueden llegar a dañar satélites e incluso provocar cortes en las más extensas redes eléctricas a nivel de suelo.

El nuevo radar, (https://eiscat3d.se/) que se ha proyectado construir en el Ártico, sobre suelo de Finlandia, Noruega y Suecia debería estar listo en 2021, y dicho proyecto es liderado por la Asociación Científica Europea de Radares de Dispersión Incoherente (EISCAT, por sus siglas en inglés), que ya trabaja con dos instalaciones de radar en el norte extremo, donde estudia la interacción entre el Sol y la Tierra, aunque el nuevo equipo se considera un paso más allá en cuanto a capacidad. “Se trata de la nueva generación” indica el  Dr. Andrew Kavanagh miembro del equipo científico de EISCAT.

“El sistema trabajará de forma semejante a como lo hacen los campos planos de antenas tales como los grandes radiotelescopios astronómicos LOFAR y SKA. Seremos capaces de enormes logros con este nuevo equipo, ya que nos permitirá tomar imágenes de enormes porciones del cielo simultáneamente. Eso permitirá componer una visión en 3D del cielo.”

El Reino Unido aportará de 4,5 a 6 millones de euros de los más de 70 totales que costará poner en marcha este equipo, y esa participación permitirá a los investigadores británicos del campo de la física solar-terrestre  acceder a los datos del radar, cuando esté listo.

El nuevo sistema de radar, que se establecerá en Skibotn, Noruega; cerca de Kiruna, Suecia, y en las proximidades de Kaaresuvanto, Finlandia, posibilitará a los científicos investigar con detalle la ionosfera, región de la atmósfera superior terrestre que oscila entre 70 y 1,000 km de altitud.

El sol emite constantemente una nube de plasma (gas cargado eléctricamente) en todas direcciones a partir de su superficie esférica. Pero de vez en cuando, erupciones concentradas de este tipo de emisiones se dirigen directamente a la Tierra. Cuando nos alcanzan, interactúan con el campo magnético propio de nuestro planeta y su atmósfera, pudiendo desembocar en una amplia gama de afecciones.

La Aurora Boreal es uno de estos efectos, pues las partículas se aceleran hacia abajo y colisionan con las moléculas de aire (Nitrógeno y Oxígeno, fundamentalmente), produciendo coloridas cortinas de luz en el cielo; pero también podrían llegar a dañar a los satélites, trastornan la electrónica de naves espaciales, las comunicaciones de radio y las redes eléctricas más extensas a nivel de suelo.

Pero algunas otras de las interacciones de las partículas procedentes de esas nubes de plasma pueden llegar a estimular corrientes que acaben por calentar la alta atmósfera. Esto es de especial interés para los científicos, ya que dicho calentamiento podría alterar la densidad de las moléculas de aire a altitudes correspondientes a las de las órbitas de determinados satélites. Esto acabaría suponiendo una modificación o perturbación de sus trayectorias. Otro tipo de posible afectación, sería la modificación de las órbitas de lo que se conoce como “basura espacial” pudiendo incrementar o disminuir la velocidad de dichos escombros y hacer que colisionen con satélites en activo (provocando daños evidentes e incrementando el efecto de basura espacial en cadena) e incluso podrían llegar a hacer que cayeran a Tierra de forma absolutamente descontrolada.

Todo ello despertó el interés de los científicos de la EISCAT y decidieron llevar adelante el nuevo sistema de radares para aumentar la capacidad del estudio del “clima espacial” y su impacto en la Tierra, informó el miércoles 23 de agosto de 2017 la cadena británica de noticias BBC.

El radar detectará la concentración y temperatura de electrones, así como la temperatura y velocidad de iones a varias alturas.

Kavanagh explicó que contarán con la formación de haces digitales que podrán dirigir, lo que significa en la práctica que generarán múltiples vías para mirar en muchas direcciones, de modo que cubrirán un gran volumen de cielo.

Duncan Wingham, director ejecutivo del Consejo de Investigación del Medio Natural (Nerc) que es miembro del EISCAT en Reino Unido, destacó que el nuevo sistema “nos dará una imagen en 3D de las interacciones entre el clima espacial y nuestra atmósfera superior con un detalle que no hemos visto antes”.

“Necesitamos esta información para reducir los riesgos que plantea el clima espacial en nuestros sistemas de comunicaciones, satélites y redes eléctricas, de los que todos dependemos en la actualidad”, agregó.

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