¿Podrían las bandas negras de las nubes de Venus ser vida microbiana?

La cuestión de la vida en Venus, de entre todos los lugares posibles, es lo bastante interesante y atrayente como para que un equipo de científicos rusos y estadounidenses trabajen sobre el propósito de una nueva misión, llamada Venera-D,  al segundo planeta del sistema solar en la que se incluye la búsqueda de vida entre sus objetivos.

Si todo sigue según lo previsto, un vehículo aéreo podría algún día surcar las densas y sulfúricas nubes de Venus para ayudar a determinar si las bandas oscuras que aparecen absorbiendo radiación ultravioleta, podrían ser consecuencia de vida microbiana.

Venus ha sido durante mucho tiempo uno de los focos principales para la ciencia planetaria rusa, la cual posee el orgullo del mantener el récord alcanzado por las sondas Venera que aterrizaron en la superficie de Venus a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo XX. Pero hay muchas preguntas que permanecen sin respuesta, por lo que la misión conjunta de Roscosmos y la Nasa, si finalmente se aprobara, podría constar de un orbitador lanzado hacia Venus en 2025 con la intención de realizar observaciones de detección remota del planeta y su atmósfera; depositar un módulo en la superficie y localizar lugares para aterrizajes futuros.

Entre los varios añadidos posibles a esta misión, están una pequeña sonda de órbita baja para estudiar la atmósfera de Venus y por otro lado un globo o quizá un vehículo aéreo sin nombre (UAV: unnamed aerial vehicle) para tomar medidas de la atmósfera durante un largo periodo de tiempo.

El objetivo principal del UAV sería realizar medidas meteorológicas para llegar a determinar porqué la atmósfera rota tan rápido con respecto a la superficie, fenómeno conocido como súper rotación. Esta rápida rotación se descubrió en los años 60, cuando los astrónomos monitorizaban el movimiento de las bandas oscuras de la atmósfera. Desconcertantemente para los astrónomos, no se sabía el origen y la composición de esas bandas oscuras, no se sabía por qué las bandas no se habían mezclado con el resto de la atmósfera ni porqué estaban absorbiendo la luz ultravioleta.

“Esas cuestiones no han sido exploradas a fondo todavía, y estamos pidiendo a gritos la necesidad de explorarlas” dice Sanjay Limaye, un científico atmosférico de la  University of Wisconsin, Madison y componente del NASA’s Venus Exploration Analysis Group (VEXAG).

Según Limaye, la naturaleza de la absorción del ultravioleta es completamente desconocida. Podría ser materia en forma de partículas mezclada con las nubes o una sustancia que se haya disuelto por las gotitas de ácido sulfúrico, o quizá cristalizado de forma natural, como hielos. Se ha propuesto también cloruro de hierro, pero no hay mecanismo conocido que permita lanzar al aire partículas de cloruro de hierro  a alturas de 50 ó 60 km sobre la superficie, particularmente si el viento cercano a la superficie es muy débil en la densa baja atmósfera.

Vida en las nubes.

Una explicación mucho más interesante para estas bandas negras, sería la evidencia de vida microbiana. “Es una posibilidad que no podemos ignorar” dice Limaye, miembro del equipo científico de Venera-D.

Encontrar vida a altas altitudes en la atmósfera de un planeta, tendría sentido. Después de todo, los microbios han sido hallados en altitudes semejantes en la atmósfera terrestre. El desafío para la vida en Venus son las temperaturas extremas que se alcanzan en este planeta. La superficie, a 462 grados centígrados, está lo suficientemente caliente como para derretir el plomo, y la presión en dicha superficie es de 92 bares, lo que es equivalente a la presión a un kilómetro bajo el agua.

En todo caso, en una región a partir de 50 km de altura y de unos 12 km de ancho hacia el exterior a partir de ahí, podría ser un lugar más adecuado en el cual los rangos de temperatura podrían rondar entre 30 y 70 grados centígrados y la presión se asemejaría a la de la superficie terrestre. Potencialmente, la vida podría desarrollarse en esta zona en la que se han encontrado las regiones oscuras en las nubes por la absorción del ultravioleta.

Una cuestión intrigante es que las gotitas de ácido sulfúrico que están en estas nubes no serían necesariamente un serio problema para la vida. La primera de las misiones Venera detectó partículas alargadas en la baja capa de nubes que ronda la micra de longitud, aproximadamente de la talla de una bacteria. Esas partículas, podrían estar recubiertas de polímeros anillados de ocho átomos de azufre, llamados moléculas S8, las cuales sabemos que existen en las nubes de Venus y que son inmunes a los efectos corrosivos del ácido sulfúrico. Es más, S8 absorben la radiación ultravioleta y la reirradian como luz visible. Si las partículas son microbios, podrían haberse recubierto con S8, haciéndose resistentes a los efectos corrosivos del ácido sulfúrico. Se ha postulado que las S8 existen como resultado de la actividad microbiana. ¿Sería esta la clave para la posibilidad de vida en Venus?

“No podemos afirmar si hay vida microbiana en las nubes de Venus” dice Limaye. “Pero eso no significa que podamos afirmar que no la haya. La única forma de confirmarlo es ir allí y tomar muestras de la atmósfera”.

En la imagen vemos a Venus en luz ultravioleta (según imágenes de la misión Venus Express de la ESA). Las bandas negras en las nubes están donde material desconocido absorbe la luz ultravioleta. ¿Podrían ser organismos vivos?

Imagen: ESA/MPS/DLR/IDA.

Vuelo a motor:

El plan original de los rusos para la Venera –D incluía globos atmosféricos, pero estos no son muy  maniobrables y no son necesariamente capaces de alcanzar las regiones de las bandas oscuras. Un motor alimentado por luz solar podría tener más oportunidades de llegar a donde nos interesa.

“La idea es que con un ala de la envergadura suficiente, puedes generar la energía suficiente y realmente volar a través de la atmosfera de Venus, con hélices eléctricas, durante mucho tiempo”, dice Limaye.

Realizaría un descenso hipersónico a la atmósfera tras desconectarse del orbitador y entonces el UAV podría rellenarse de los gases hidrógeno o helio para mantenerlo flotando a una altura nominal de 50 kilómetros, lo que le permitiría planear a través de las nubes mientras se desplaza hacia el hemisferio nocturno del planeta. Cuando llegara a la zona del amanecer, las hélices propulsadas por energía solar podrían ayudar a incrementar la altura del aparato hasta los 60 km.

En el transcurso de tres o cuatro días, la nave se movería alrededor del planeta sobre la alta atmósfera en súper rotación, el extraño fenómeno por el que la atmósfera parece ajena al planeta sólido y rota mucho más rápidamente que él. El UAV podría también ser capaz de explorar las nubes a distintas alturas, moviéndose de cúmulo en cúmulo, desde regiones con absorbentes ultravioletas a regiones desprovistas de ellos, muestreando y midiendo la composición de la atmósfera.

La compañía aeroespacial, Northrop Grumman ha desarrollado ya de forma independiente un concepto para el UAV venusiano, llamado VAMP (Venus Atmospheric Maneuverable Platform) que tendría una envergadura de alas gigantesca, de 55 metros y sería diseñado para operar en la atmósfera durante, al menos, un año.

La “D” en el nombre de Venera-D, es por la palabra rusa “dolgozhivushaya”, que significa “longevo”. Esto hace referencia a la esperanza original de mantener el vehículo en condiciones operativas sobre la superficie al menos días o semanas, aunque las opresivas condiciones en la superficie han hecho que realmente, los equipos que han logrado aterrizar en Venus han durado, como mucho, horas. En todo caso, el UAV, que estará permanentemente circulando en vuelo alrededor de Venus, podría realmente llegar a poder llamarse “longevo”.

El informe final con los objetivos detallados de la misión Venera-D, será entregado a Roscosmos y Nasa a finales de Enero de 2017, en cuyo momento las dos agencias espaciales deberán decidir si colaboran en la misión. La confirmación no se espera antes de fines de año 2017.

Fuentes: www.astrobio.net y Keith Cooper.

Imágenes: Northrop Grumman y ESA/MPS/DLR/IDA

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