La radiación de fondo solar se encuentra en mínimos anómalos.

Una de las principales funciones de la monitorización de la actividad solar, es tener conocimiento de la emisión de rayos X que presenta nuestro astro rey.

Cuando se produce una fulguración, la principal fuente de emisión de dicho evento son los rayos X. Según la cantidad de rayos X emitidos en el evento, podemos conocer si una fulguración ha sido de menor o mayor intensidad.

Gracias al satélite GOES, podemos tener conocimiento de las emisiones de rayos X procedentes de las fulguraciones solares.

Las fulguraciones solares se clasifican como A, B, C, M o X dependiendo del pico de flujo de rayos X (en vatios por metro cuadrado, W/m2) de 100 a 800 picómetros en las inmediaciones de la Tierra, medidos en la nave GOES. Cada clase tiene un pico de flujo diez veces mayor que la anterior, teniendo las fulguraciones de clase X un pico del orden de 10-4 W/m2. Dentro de una clase hay una escala lineal de 1 a 9, así que una fulguración X2 tiene dos veces la potencia de una X1, y es cuatro veces más potente que una M5. Las clases más potentes, M y X, están asociadas a menudo con varios efectos en el entorno espacial cercano a la Tierra. Aunque se suele usar la clasificación GOES para indicar el tamaño de una fulguración, es sólo una medición.

Pero… ¿qué sucede con la clasificación A y B?

La categoría A y B suele ser cuando tenemos una gráfica plana, es decir, momentos en los que el Sol está tranquilo y la actividad solar es prácticamente 0.

Pero… ¿Si no tenemos fulguraciones como puede ser que se detecten rayos X?

El Sol aunque esté tranquilo siempre emite radiación de muchos tipos distintos en todo momento. Las mismas manchas solares emiten rayos X aunque no estén activas y la misma superficie del Sol.

En periodo donde el ciclo solar es elevado y tenemos muchas manchas solares pero no producen actividad, la gráfica se puede quedar estancada a valores de categoría B, incluso en ocasiones muy rozando a valores casi C.

Durante casi todo el ciclo solar, a está radiación de fondo solar, que es como se le llama, suele mantenerse a valores dentro de la categoría B.

Solo en casos donde el Sol prácticamente está en un periodo sin manchas solares, ni sin actividad solar, es decir, casi al mínimo del ciclo solar, es cuando la radiación de fondo solar se puede ubicar dentro de la categoría A.

Lo anómalo de todo ello, es que si observamos la gráfica actual y actualizada, podemos apreciar como la radiación de fondo solar está dentro de los valores de la categoría A cuando justamente todavía nos faltan dos años aproximadamente para que el ciclo solar se dé por finalizado. Lo normal sería que tuvieramos algo más de manchas solares y algo más de radiación de fondo, lo cual sugiere todavía con más profundidad que el Sol tiene un ciclo solar más extraño en comparación con otros anteriores.

Gráfica actualizada de rayos X captados por el satélite GOES15
Gráfica actualizada de rayos X captados por el satélite GOES15

Si comparamos a la misma altura del ciclo solar actual con respecto al ciclo solar anterior, obtendríamos una gran diferencia tanto en cantidad de manchas solares en la superficie del Sol, como en esta radiación de fondo.

Sabemos y conocemos que este ciclo solar está siendo mucho menos activo respecto los anteriores y que podría darse el caso que se vaya cumpliendo el pronóstico para un posible letargo solar.

Ello no significa que tengamos que bajar la guardia, ya que como bien se conoce, el Sol es imprevisible y en cualquier momento nos puede sorprender de la forma menos esperada…

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